Los cínicos no sirven para este oficio, Ryszard Kapuscinski
Mi humilde homenaje a este gran gran periodista y compasivo reportero tras su muerte, acaecida el pasado 23 de enero de 2007. Adiós a un gran hombre.
El título de esta reseña se corresponde con el de una de las obras del extraordinario periodista polaco Ryszard Kapuscinski que viene a ser como sus obras anteriores, un compendio, una recopilación de sus escritos, charlas, ideas, artículos y criterios adquiridos por el autor en sus muchos años de reporterismo. Reportero del hambre, la miseria, las guerras.
Los cínicos no sirven para este oficio se divide en tres partes: la visión de la realidad por los medios de comunicación, y el oficio de periodista; una paseo por la historia reciente de África para intentar entender su actualidad; y un vis a vis con el escritor, ensayista y crítico de arte John Berger sobre “ver, comprender y contar”.
Es la segunda vez que me sumerjo en este autor, su inmensa ética reflejada en su profundo respeto hacia los “sin voz” del planeta, y su mimetismo, su uso del anonimato para contar fielmente y sin estridencias, sin necesidad de estrellatos la realidad que ve. Ya hablé de uno de sus libros más conocidos El mundo de hoy, en el que se centra también en su oficio, además de su faceta de escritor y las transformaciones del mundo en el siglo XX.
Esa manera que tiene, a través de su escritura, de llegar a los lectores es fruto de una gran intuición y observación. Mirar, "con la concentración necesaria para prestar atención", como le dice Berger, y de cómo esta atención se transforma en una especie de conocimiento, de comprensión de la cultura.
Es un informador de los que están en el lugar de lo hechos, no en un despacho cómodamente sentado. Porque para explicar, para informar de una verdad se tiene que tener un conocimiento directo, físico, emotivo, olfativo, sin filtros ni escudos protectores, sobre aquello de lo que se habla.
Señala como elementos específicos de este oficio de periodista una cierta disposición al sacrificio, ya que es una profesión muy exigente, en la que no hay horario ni fines de semana. Y siempre acompañado de un estudio constante. Nunca se acaba de investigar. Periodismo es la carrera eterna.
Divide a los periodistas en dos categorías: los siervos de la gleba y los directores. Observando que estos últimos, en su mayoría, no son periodistas, sino grandes ejecutivos. Lo que nos lleva a analizar la información de hoy día. Si antaño la información podía buscar la verdad o se concebía como un instrumento político, hoy lo que prima es el espectáculo. De esta forma, la información se ha separado de la cultura. Se ha convertido en el gran negocio, el gran espectáculo, en el que lo que importa es ganar al rival, vigilar a los otros medios, ir por delante. Su misión y su regla es ganar más dinero.
Kapuscinski es uno de esos informadores que para hablar de los otros, explora, investiga y vive en el mundo de aquellos de los que va a hablar. Posee una cualidad fundamental, empatía. Es muy importante, afirma, desarrollar en nosotros mismos la categoría de la empatía, para hacer un verdadero periodismo intencional. Un periodismo que luche por algo. Aunque la empatía tiene que ir acompañada de la adaptabilidad a los cambios como esencia para describir el mundo contemporáneo.
Esta es una profesión que requiere continuos cambios, reajustes, modificaciones, mejoras, además del deber de ser éticamente correctos.
¿Qué fuentes puede tener o busca un periodista?. Variadas, responde el reportero Premio Príncipe de Asturias 2003 de Comunicación y Humanidades. La principal son los otros, la gente. Luego están los documentos, los libros, los artículos sobre el tema. Y el mundo que nos rodea sería otra fuente necesaria: colores, temperaturas, atmósferas, climas, todo lo definido como imponderabilia.
Tener una sabiduría y una intuición de historiador, además de tratar de desenvolverse con más de un idioma, son cualidades fundamentales para todo periodista. Hay que introducir al lector en la comprensión del acontecimiento, del que normalmente sabe poco o nada, diciéndole qué ha sucedido antes, hablando de la historia de los hechos.
Muchos son los temas desarrollados por Ryszard Kapuscinski en este volumen, entre ellos ese continente tan devastado y olvidado: África, tema que he separado en un texto más extenso.
Acabo este resumen con su afirmación sobre la manipulación de la prensa internacional. Los medios de comunicación son los más manipulados porque son instrumentos para determinar la opinión pública. Y hay cientos de maneras de manipular. Todos manipulamos de una u otra forma, la que suscribe incluida. Sin necesidad de decir mentiras, el sistema es muy sencillo: omitir el tema. La mayor parte de los espectadores de la televisión reciben de manera muy pasiva lo que ésta ofrece. Y es decepcionante ver como todas las cadenas ofrecen los mismo, todos tratan los mismos conflictos, cuando hay tantos acontecimientos de los que no se habla, que no forman parte de la agenda de la prensa.
Son los medios de comunicación los que crean la historia, concluye tajante Kapuscinski.
El título de esta reseña se corresponde con el de una de las obras del extraordinario periodista polaco Ryszard Kapuscinski que viene a ser como sus obras anteriores, un compendio, una recopilación de sus escritos, charlas, ideas, artículos y criterios adquiridos por el autor en sus muchos años de reporterismo. Reportero del hambre, la miseria, las guerras.
Los cínicos no sirven para este oficio se divide en tres partes: la visión de la realidad por los medios de comunicación, y el oficio de periodista; una paseo por la historia reciente de África para intentar entender su actualidad; y un vis a vis con el escritor, ensayista y crítico de arte John Berger sobre “ver, comprender y contar”.
Es la segunda vez que me sumerjo en este autor, su inmensa ética reflejada en su profundo respeto hacia los “sin voz” del planeta, y su mimetismo, su uso del anonimato para contar fielmente y sin estridencias, sin necesidad de estrellatos la realidad que ve. Ya hablé de uno de sus libros más conocidos El mundo de hoy, en el que se centra también en su oficio, además de su faceta de escritor y las transformaciones del mundo en el siglo XX.
Esa manera que tiene, a través de su escritura, de llegar a los lectores es fruto de una gran intuición y observación. Mirar, "con la concentración necesaria para prestar atención", como le dice Berger, y de cómo esta atención se transforma en una especie de conocimiento, de comprensión de la cultura.
Es un informador de los que están en el lugar de lo hechos, no en un despacho cómodamente sentado. Porque para explicar, para informar de una verdad se tiene que tener un conocimiento directo, físico, emotivo, olfativo, sin filtros ni escudos protectores, sobre aquello de lo que se habla.
Señala como elementos específicos de este oficio de periodista una cierta disposición al sacrificio, ya que es una profesión muy exigente, en la que no hay horario ni fines de semana. Y siempre acompañado de un estudio constante. Nunca se acaba de investigar. Periodismo es la carrera eterna.
Divide a los periodistas en dos categorías: los siervos de la gleba y los directores. Observando que estos últimos, en su mayoría, no son periodistas, sino grandes ejecutivos. Lo que nos lleva a analizar la información de hoy día. Si antaño la información podía buscar la verdad o se concebía como un instrumento político, hoy lo que prima es el espectáculo. De esta forma, la información se ha separado de la cultura. Se ha convertido en el gran negocio, el gran espectáculo, en el que lo que importa es ganar al rival, vigilar a los otros medios, ir por delante. Su misión y su regla es ganar más dinero.
Kapuscinski es uno de esos informadores que para hablar de los otros, explora, investiga y vive en el mundo de aquellos de los que va a hablar. Posee una cualidad fundamental, empatía. Es muy importante, afirma, desarrollar en nosotros mismos la categoría de la empatía, para hacer un verdadero periodismo intencional. Un periodismo que luche por algo. Aunque la empatía tiene que ir acompañada de la adaptabilidad a los cambios como esencia para describir el mundo contemporáneo.
Esta es una profesión que requiere continuos cambios, reajustes, modificaciones, mejoras, además del deber de ser éticamente correctos.
¿Qué fuentes puede tener o busca un periodista?. Variadas, responde el reportero Premio Príncipe de Asturias 2003 de Comunicación y Humanidades. La principal son los otros, la gente. Luego están los documentos, los libros, los artículos sobre el tema. Y el mundo que nos rodea sería otra fuente necesaria: colores, temperaturas, atmósferas, climas, todo lo definido como imponderabilia.
Tener una sabiduría y una intuición de historiador, además de tratar de desenvolverse con más de un idioma, son cualidades fundamentales para todo periodista. Hay que introducir al lector en la comprensión del acontecimiento, del que normalmente sabe poco o nada, diciéndole qué ha sucedido antes, hablando de la historia de los hechos.
Muchos son los temas desarrollados por Ryszard Kapuscinski en este volumen, entre ellos ese continente tan devastado y olvidado: África, tema que he separado en un texto más extenso.
Acabo este resumen con su afirmación sobre la manipulación de la prensa internacional. Los medios de comunicación son los más manipulados porque son instrumentos para determinar la opinión pública. Y hay cientos de maneras de manipular. Todos manipulamos de una u otra forma, la que suscribe incluida. Sin necesidad de decir mentiras, el sistema es muy sencillo: omitir el tema. La mayor parte de los espectadores de la televisión reciben de manera muy pasiva lo que ésta ofrece. Y es decepcionante ver como todas las cadenas ofrecen los mismo, todos tratan los mismos conflictos, cuando hay tantos acontecimientos de los que no se habla, que no forman parte de la agenda de la prensa.
Son los medios de comunicación los que crean la historia, concluye tajante Kapuscinski.


















































































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