Historia abreviada de la literatura portatil, Enrique Vila-Matas

“Miniaturizar es hacer portátil, es la forma ideal de poseer cosas para un vagabundo o un exiliado”. Dice Enrique Vila-Mata en el prólogo de esta su obra, Historia abreviada de la literatura portátil.
Una pequeña frivolidad literaria, un pastelito hojaldrado con espuma de mar, de esos que hubiera diseñado nuestro cocinero más internacional Ferrán Adriá, snob, en definitiva, es esta delicatessem publicada en 1985. A pesar del término “historia” en el título, no es un compendio espeso ni mucho menos grueso, como se podría llegar a etiquetarlo. Consta sólo de 122 páginas, pero eso sí, muy intensas. Sería algo así como un concentrado de Vilacrén.
Vila-Matas me era desconocido como literato. Y aún esta obra acabada no he sacado en claro el estilo personal de este autor, quizá debido a que el escritor catalán ha trazado su obrita con un lenguaje un tanto neutro, sin especial cacharrería verbal, como un ensayo de bolsillo.
En todo caso es una escritura seria dentro de la extravagancia de lo contado.
Vila-Matas emprende un viaje por las obras literarias que ha podido rescatar de la llamada sociedad ultra secreta “shandy”, o también llamada sociedad de la literatura portátil. Y a través de las obras del grupo va desgranando en 10 capítulos el recorrido tremendamente estrambótico y excéntrico de estos literatos livianos (una de las premisas de la sociedad era hacer obras ligeras de tamaño) junto a grandes escritores desde su formación en 1924 hasta su disolución tres años después. El punto de partida de Historia abreviada... lo da el surrealista Tristan Tzara, para seguir con Tristam Shandy de Laurence Sterne, El verdadero nombre del complot portátil de Louis-Ferdinand Céline, conformando en total una veintena de obras, algunas difíciles de conseguir hoy día.
Entregados al azar este grupo, bastante numeroso, de artistas shandy que conspiraban para nada desde la nada exigían varios requisitos imprescindibles para entrar a formar parte de la sociedad: la obra creada debía tener una cualidad imprescindible: ser portátil, es decir, fácil de transportar para llevarla allí donde viajaran, por ejemplo, dentro de un maletín; ser soltero, o como ellos decían una maquina soltera, de sexualidad más bien extrema; ausencia de todo propósito; excentricismo; simpatía con la cultura negra; o ser insolentes. Vila-Matas investiga a través de varios diarios y obras esparcidos por aquel caprichoso grupo en todo lugar donde se instalaron por un tiempo: Nigeria, Praga, Trieste, París o Sevilla. En estos diarios, algunos de escasa calidad literaria como el de Miriam Cendrars o Sylvia Beach directora de la famosa librería Shakespeare and Company y otros medio olvidados, se descubren sorprendentes facetas de un buen grupo de personajes culturales de la época, que visto desde la perspectiva de hoy día, es una increíblemente loca etapa.
Están Marcel Duchamp, Georgina O´Keefe, Cesar Vallejo, Man Ray, F. García Lorca, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, Rita Malú, Salvador Dalí, Valery Larbaud, Pola Negri, o Aleister Crowley. Y es precisamente este último el que en una conferencia, en Sevilla, con un loco toque de humor acabó revelando al mundo la existencia de la sociedad secreta shandy. Lo que fue considerado una traición en toda regla por el grupo. Aunque, todo hay que decirlo, dicha traición fue recibida por los shandys también con alegría, porque sabían que a partir de ese momento se convertirían en leyenda.









































































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