El gusanillo de los libros

"Somos lo que leemos", Erasmo de Rótterdam (1469-1536). ------------------- Por favor, aquellos/as escritores/as o editoriales que deseen contactar, encontrarán el mail en el blog.

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27.1.07

El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald




Supone todo un verdadero placer, entre tanto frívolo y repetitivo best-seller, que sustenta de flojera la narrativa contemporánea, volver la vista a grandes figuras de principios del siglo XX, como F. Scott Fitzgerald. Y si se puede asimilar, cosa que os recomiendo encarecidamente aunque vuestro inglés sea tibio, en su versión original, el placer es doblemente esplendoroso, ya que disfrutar de la riqueza lingüística, matices, expresiones y lirismo de este autor moderno hace cierto eso de que los libros son nuestro refugio, ante tanto contagio del virus “cretinum idiotum”.
Aunque no la había leído antes, esta obra que es una de las llaves maestras de la literatura americana, la tenemos siempre presente y así resulta que abrir El gran Gatsby, es como un volver. Quizá porque es como volver a un lugar común, aquellos primeros tiempos del sueño americano que todos hemos absorbido, ya sea por medio del cine o la literatura. Hay, por tanto, en El gran Gatsby, mucho del sueño y pesadilla de la tormentosa vida del propio autor.
El libro, uno de mis moldeables volúmenes, de esos que doblo y meto en cualquier hueco, es de la editorial Penguin Books, y se divide en dos partes, una profunda y extensa introducción a la obra, llevada a cabo por el escritor y profesor de literatura americana, Tony Tanner, seguida del relato, cuya puerta trasera la compone un práctico y largo listado de notas al margen.
Lo primero en lo que recalamos es que no fue El gran Gatsby el título primigenio, habiendo pensado Fitzgerald en sus primeros apuntes el título de “Trimalchio in West Egg” (Trimalchio como la representación de una vulgar sociedad de nuevos ricos, basada en la obra de Satyricon de Petronius). Es de suponer que la fuerza del mercado le haría recapacitar hacia un título más digerible.
Se sembró el germen para esta su nueva idea cuando el mismo autor se mudó a una casa en Great Neck, Long Island, no tan opulenta como la de su personaje, pero sí que estaba rodeado de los notorios que le iban a proporcionar la base topográfica para su novela: el nuevo rico Gatsby, el broker pobre Nick del otro lado, ambos a la búsqueda de un algo más que el puro materialismo en el que no encuentran satisfacción suficiente, y los viejos ricos de siempre, los Buchanans en el otro extremo, es decir la autocomplaciente e hipócrita sociedad suntuosa procedente del exitoso capitalismo del siglo XIX.
fitzgerald8 El gran Gatsby es el trazado perfecto de una artificiosa sociedad, mantenida de las apariencias, los rumores y la holgazanería, nadando en litros de alcohol y fiestas. Scott Fitzgerald planeó su novela durante el verano de 1924 mientras vivía una temporada en La Riviera, concluyendo las últimas pruebas en Roma durante enero y febrero del año siguiente. Utilizó un narrador, el propio Nick, como escritor que a su vez cuenta la historia de Gatsby, estiloso ladrón y romántico in extremis. Todo el imperio que levanta Gatsby, no tiene nada más que una única razón: “Her voice is full of money”, directas flechas a la chica de oro, Daisy, la otra orilla inalcanzable para Gatsby. “Ella es...es un poco como amar ese lugar donde fuiste una vez feliz” le confiesa Gatsby a Nick.
Gatsby, ese personaje perfecto, ese ejemplar de anfitrión ideal, misterioso, el hombre “Mr. Nadie de ningunaparte”, sobrio en su comportamiento social, pero al mismo tiempo suntuoso, inventor de antepasados, tradiciones y fortunas, ese hombre nos produce, finalmente, lástima. Y ello es porque adolece de un románticismo recreador de un pasado que no puede volver.
Tiene mucho de melancolía y tristeza este exquisito relato de Fitzgerald, se desprende del libro una tristeza umbría, un aura de soledad y aislamiento, de vacío que transpira de su suntuosa mansión, de las bonitas camisas apiladas, de su poco apreciada generosidad, de su desértico funeral. Gatsby es excesivo, imprudente e ingenuo, es como si Fitzegald nos susurrara al oído que Gatsby es América.
Poco después de la publicación de la novela, el mismo Fitzgerald declaró que la gran promesa del sueño americano es ese algo que está a punto de ocurrir, y que después de un tiempo y con el cansancio de la espera, se comprueba que nada cambia en la gente, excepto que se vuelven más viejos. Fitzgerald no fue ni el primero y el último autor americano en tener una visión entrópica de América, el gran continente agrario convertido en una especie de colmado de basura o tierra desaprovechada, donde cómo ultima perversidad lo único que aumentaba era la muerte.
Y utiliza el personaje de Nick para mostrar la distorsión con la que ve el Este de la beautiful people, comparándolo con una escena nocturna de nuestro genial pintor El Greco, en sus alargamientos y febril exageración.
El resultado de la lectura de esta brillante obra no es otro que un conocimiento sobre el terreno de los años veinte, cosido con un perfecto lenguaje, simple, pero eficaz, que provoca un arco iris de sensaciones a imitación de las fiestas del gran anfitrión Mr. Gatsby, en un entorno arquitectónico hankey-pankey, y rodeado de ambigua atmósfera.