El gusanillo de los libros

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2.1.09

Gomorra, Roberto Saviano




Y harás un bonito cadáver

Italia captura al mafioso que había huido por las alcantarillas”...leo en un diario nacional hace una semana. Estas son prácticamente las noticias que llegan de la vecina Italia. La mafia que todo lo envenena, que se extiende cómo plutonio radioactivo, una de las sustancias más tóxicas para el ser humano. Leer la última bomba de Roberto Saviano requiere de un estado de ánimo determinado. Fuerte y entero, sin asomo de melancólico nihilismo. Gomorra es un viaje oscuro, de rabia infinita, de hartura de ciudadano italiano del Sur, impregnado de la histórica mafia local. Es una explicación ensayística del poder infinito de la Camorra, es una película real (“En tierras de la Camorra, no hay una verdadera diferencia entre los espectadores de las películas y cualesquiera otros espectadores. Por todas partes se siguen los referentes cinematográficos como mitologías de imitación. Si en otros lugares te puede gustar Scarface y en tu interior puedes sentirte como él, aquí puedes ser Scarface, pero te toca serlo hasta el fondo”).

No soy aficionada a los bestseller, pero la curiosidad de sumergirme en un documento ensayo por el que se ha puesto precio a la cabeza de su autor, bien merece una lectura de deferencia. Aprovechando el filón de la fama, el cine se ha apropiado de los atrevimientos de Saviano y ha facturado una película con el mismo título que ha marcado records de taquilla. Pero es el libro, en su versión de bolsillo, el que me ocupa en este comentario y son tantas las notas que tengo apuntadas sobre el mismo, que les confieso no sé por donde empezar. Me hallo, pues, ante un producto porcino, (diría jocosamente), del que todo es aprovechable.

Gomorra no es una historia de ficción basada en la mafia italiana, ni es una tesis de estudio concienzudo para completar un doctorado. Es un grito de rabia de un chaval que se ha criado en zona camorrista y ha visto como se degradaba, poco a poco, su tierra. “La posibilidad de escribir sobre los mecanismos del poder, más allá de las historias, más allá de los detalles. Reflexionar acerca de si todavía era posible decir los nombres, uno a uno, señalar los rostros, desnudar los cuerpos del delito y convertirlos en elementos de la arquitectura de la autoridad.” Así expone el autor sus razones, porque Saviano escribe en primera persona, con él mismo como protagonista visual de lo que nos va detallando y denunciando en este valioso documento de carácter periodístico, repleto de cifras y datos que no habrá gustado a muchos sillones del poder empresarial y político.

Estilísticamente, Gomorra no tiene una riqueza prosística a remarcar. Sí, Saviano se expresa en un lenguaje rico y consistente, no carente de erudición, pero no posee una arquitectura, ritmo e hilo narrativo continuado, cambiando la conjugación verbal continuamente, aunque sin producir caos, pero manteniendo paquetes narrativos independientes. De hecho se puede abrir al azar el volumen y comenzar su lectura en cualquier punto. Lo único que nos podemos perder son ciertos datos informativos de interés. El libro se divide en dos partes, sin que yo tenga muy claro cual es objetivo de esa división. Hay en total 11 capítulos, cada uno de los cuales es independiente del anterior. Es como si toda la información trabajada y amasada por Saviano a lo largo de varios años no hubiera podido permanecer por más tiempo en su cabeza. A trompicones la ha soltado, a saltos, construyendo un ensayo que hace, créanme, levantar la ceja. Desde las asociaciones de suizos y chinos en Nápoles, bajo el paragüas de la circulación de mercancías con unos derechos que no tienen las personas, y los millones de euros de impuestos evadidos, pasando por los trabajadores clandestinos que cosen los vestidos de alta costura que luego lucen Angelinas Jolies, hasta llegar al Sistema, nombre de las organizaciones criminales cuya dialéctica comercial es la osamente de cada clan. Toda estructura económico-financiera tiene su equipo militar: un salvaje grupo de choque y una vasta red de colaboradores. Esto es la Camorra, empresas perfectamente organizadas.

Empresas que entran, también, en guerra, y cuando esto ocurre mejor que no le pillen por la zona, porque tarde o temprano pueden caer como mero daño colateral. “Attilio está en el suelo. Trabajaba en una tienda de telefonía y, para redondear el sueldo, en un call center. Él y su mujer, Natalia, aún no tenían hijos....Los días se reducían a hora de trabajo, y cuando tuvo la oportunidad y unos ahorros, Attilio consideró conveniente convertirse en accionista de esa tienda donde ha encontrado la muerte”.

Saviano nos hace de guía, realiza un recorrido por el mapa de los clanes, sus armas (curioso resulta el capítulo dedicado al Kaláshnikov), sus mujeres, tan duras y violentas como cualquier hombre, sus boss, sus territorios, sus comercios (especialmente el de la droga y armas, “Así pues, las guerras, de Sudamérica a los Balcanes, se libran con las garras de las familias de la Campania”), sus negocios inmobiliarios y cemento armado, sus conexiones con empresas “decentes”, como Parmalat, alta costura italiana, empresas de seguridad, etc, sus intercambios con otros carteles y etarras, “ETA enviaría cocaína a través de los militantes de la organización para recibir armas a cambio”, sus amistades glamorosas “Escucharon de adultas la música de D´Alessio y aplaudieron a Maradona, que siempre compartió con el clan de los Giuliano cocaína y festines, memorable la foto de Diego Armando en la bañera en forma de concha de Lovigino”, y más, mucho más. Pero no les voy a contar todo. Les dejo alguna sorpresa para que descubran ustedes mismos. Magistralmente chocante es la parte casi final sobre el vertido de residuos.

Unos enormes complejos comerciales que, lejos de ser no lugares, como los definiría el etnólogo Marc Augé, parecerían ser más bien lugares-inicio : supermercados donde todo lo que puede ser comprado y consumido permite bautizar capitales que de otro modo no habrían podido encontrar su partida de nacimiento legal; lugares donde se inicia, pues, el origen legal del dinero, su bautismo oficial. Cuantos más centros comerciales se construyen, más obras se levantan, más mercancías se traen, más proveedores trabajan, más transportes llegan, y más rápido logra sobrepasar el dinero el impreciso perímetro del territorio ilegal para entrar en el legal”.

Que el ánimo les acompañe.