Tumulto en julio, Erskine Caldwell

Violencia que salpica
Erskine Caldwell fue un escritor norteamericano muy prolífico con una larga bibliografía a sus espaldas en la que estrena casi un libro por año, desde su primera novela en 1929 hasta su autobiografía publicada el año de su muerte, 1987. La mayoría de los lectores le relacionarán con el cine, puesto que el celuloide gusta de sus historias tan visuales. Ahí están sus más famosas adaptaciones, “La ruta del tabaco” dirigida por John Ford en 1941, y “La parcela de Dios” dirigida por Antony Mann en 1958. Pero hubo otras, “Claudelle English”, 1961, Gordon Douglas; La adaptación en 1983 de su primera novela, “The bastard”, por el francés Bertrand Van Effenterre; “The Sure Hand of God”, 2004, Michael Kolko; o “Certain Women”, 2005, adaptación de su libro de relatos de 1957 dirigida por Bobby Abate y Peggy Ahwesh.
Una de mis editoriales preferidas, Navona, ha recuperado parte de su obra, y nos pone en bandeja una de sus novelas emblemáticas, Tumulto en julio, escrita en 1940, después de llevar ya una década de éxito literario. Siempre preocupado y conmovido por la situación social de la época de la Depresión norteamericana, Caldwell dedicó buena gran parte de su narrativa a mostrar la vida sureña de su país, y especialmente las condiciones míseras de la población negra justo en la etapa posterior a la abolición de la esclavitud.
La ley de Lynch, conocida mejor como linchamiento, surgió durante la guerra de la independencia del Norte de Estados Unidos cuando un juez del mismo nombre llevó a cabo un ahorcamiento extrajudicial. El Sur la tomó prestada en los momentos de crisis políticas y económicas, por lo que los blancos, pobres de miseria a su vez, recurrían a los linchamientos para aterrorizar a los negros liberados, formando grupos como el conocido KKK, o se arremolinaban en muchedumbres enfervorizadas y desorganizadas que acometían linchamientos con solo la palabra de cualquier ciudadano blanco sobre cualquier ofensa, fuera cierta o no, por parte de los morenos (otra dureza verbal de la época que tan bien muestra Caldwell en este volumen).
La America profunda de 1940 era una época extremadamente dura y racista, en este caso en Georgia, algo que marcó la política, especialmente a nivel local. Nunca imaginarían las rabiosas gentes de aquellos disturbios reales o plasmados literariamente, (de imaginarlo habrían firmado la propuesta de uno de los personajes femeninos de la novela de Caldwell, Narcissa Calhoun, vendedora de Biblias, de enviar a todos los negros a África), que 69 años más tarde el presidente de Estados Unidos sería negro. Pero no todos eran sanguinarios hasta el límite de usar los linchamientos para satisfacer rabias vengativas personales; otros, como expone el escritor por medio del sheriff Jeff McCurtain, eran un poco veletas guiados por las corrientes sociales y sus neuras, a pesar de tener un corazón compasivo y rechazar dichos métodos: “Siempre aparece algo para atormentar a los que nos dedicamos a la política. En cuanto acabas de superar unas elecciones ya tienes que darte la vuelta y empezar a preocuparte por el resultado de las siguientes. Los votantes son gente muy rara. He visto a candidatos que empiezan en cabeza y acababan en la cola por una tontería como no ponerse tirantes…”; u otros como Bob Watson, dueño de las tierras que trabajaban los jornaleros negros, les defendía escopeta en mano, o exigiendo el cumplimiento de la ley, más que nada porque necesitaba de ellos para la subsistencia de sus propiedades.
Interesante, carrasposa y rabiosamente cinéfila, Tumulto en julio traduce admirablemente el contexto sociopolítico de aquellos momentos de escasez económica y abundancia de prejuicios, donde una estructura sociorracial primaria permanecía muy arraigada a pesar de los cambios sociales. Novela, en una excelente traducción de Carlos Mayor, en la que su autor ha imbuido características a sus personajes trasladables de otras de sus obras, si bien aquí es más severo, crudo y pesimista. Amena de leer, Caldwell va encendiendo los hechos y acelera nuestro latido cardiaco a medida que vamos avanzando en el relato, utilizando tácticas narrativas que conmueven y nos balancean entre la ternura e ingenuidad de un joven muchacho negro, Sonny Clark, al que utilizan tanto la vendedora de Biblias Narcissa Calhoun como la joven ardiente y rechazada por su amante, Katy Barlow, hija de un sanguinario aparcero sediento de linchamientos y violencia, para calentar la atmosfera y dirigirla hacia un linchamiento, con la acusación falsa de que Sonny ha violado a Katy. Frente a semejante alboroto y crispación, el sheriff McCurtain quiere actuar como Pilatos, lavándose las mano, especialmente porque teme por las próximas elecciones políticas. Decide, por tanto, irse de pesca y esperar que todo haya acabado cuando vuelva. El problema está en que el juez Ben Allen no se lo permitirá, y le obligará a tantear la situación, sin importar gran cosa a ambos la vida de Sonny, pero sí como afectará el jaleo a la política.
Sin embargo hay algo con lo que el sheriff no contaba, y se sorprenderá de su propia reacción con respecto a otro negro al que conoce y aprecia bien, Sam Brinson, victima a su vez de la irracionalidad que lo envuelve.
Ya lo decía Cormac McCarthy en su mundo literario apocalíptico, “este es un país con una historia bastante extraña y tremendamente sanguinaria”, algo de lo que deja entrever Erskine Caldwell en su dura novela. Nutritiva lectura más que adecuada a los tiempos actuales que corren de cambios sociales por los masivos movimientos migratorios.


















































































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