El gusanillo de los libros

"Somos lo que leemos", Erasmo de Rótterdam (1469-1536). ------------------- Por favor, aquellos/as escritores/as o editoriales que deseen contactar, encontrarán el mail en el blog.

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Name: Blanca Vázquez
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2.12.09

Cine, cine, cine y cine para el diciembre navideño





Este mes de diciembre, entre puentes y fiestas navideñas, me voy a sumergir en el cine, pero no sólo el audiovisual, ya sea pantalla grande, blu-ray o DVD, las lecturas van complementar dicha fruición cinéfila.
He decidido ilustrarme y embelesarme con Historia(s) del cine norteamericano, de Hilario J. Rodríguez, ensayo recién publicado por la editorial Calamar, detallado análisis más emocional que técnico sobre las influencias que ciertos acontecimientos (el 11S por ejemplo) han tenido en la mirada de directores y guionistas norteamericanos. Casi 100 películas bajo su pluma, un placer.


Junto a la interpretación del cine norteamericano actual, otro ensayo sustancioso, publicado asimismo por Calamar, me ha llamado la atención, El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Diego Moldes, estudio comparado sobre la famosa novela gótica de Jan Potocki del siglo XIX, aunque comenzada en el siglo XVIII, (1797), de la que en 1965 hizo una brillante adaptación cinematográfica el polaco Wojciech Jerzy Has. Moldes, publicista gallego con varios libros de cine en su haber, hace un tratamiento amplio y riguroso sobre novela y película.


Diciembre completito. Sin olvidar lo entretenida que voy a estar intentando llevarme el lote (más abajo indicado) del concurso y sorteo de Ediciones del Viento.




Leyendo.

30.11.09

Ediciones del Viento te regala libros

Antes de ponerme con otro título, quiero haceros partícipe del regalo de una cesta de Navidad de los más golosa, literariamente hablando.


lotes de libros

Desde el espacio de librosyliteratura.es han organizado un SORTEO mediante el que podréis ganar un fabuloso lote de libros, compuesto por la colección “Viento abierto” compuesta por 15 títulos y valorada en 249 Euros, de una de las editoriales que más me han llamado la atención este año, Ediciones del Viento.

Estas son las bases del sorteo.

Pero además para todos aquellos que tienen un blog han organizado un CONCURSO, cuyo ganador obtendrá el mismo lote de libros, y para ello hay que indicar la reseña del libro que has leído durante el 2009 que más te ha gustado, con la que participarás en el concurso. Puede ser una reseña inédita o una ya publicada durante el año en curso.


Estas son las bases del concurso .

SORTEO Y CONCURSO, más posibilidades para que te toquen buenas lecturas este invierno.

15.11.09

Deseo de ser punk, Belén Gopegui

1-gope


La música que coge por las solapas

En una charla entrevista con Belén Gopegui hace escasos meses le pedía que me adelantara algo sobre la novela que se traía entre manos. Entonces me comentó que la corta novela que estaba escribiendo narraba un gesto de valentía, un impulso de antirendición: “…A lo largo de los años he conocido a unas cuantas personas que han logrado ser admirables, inteligentes, amar la vida y no venderse nunca. Pienso ahora en Juan Blanco o en Antonio Estevan, que se nos han ido. Lo que estoy escribiendo trata de alguien que no tiene la madurez que ellos tuvieron, y sin embargo tiene el mismo impulso, la misma furia sagrada, su actitud. Es una novela corta, narra un gesto y es también un gesto….”.

Tengo en mis manos el gesto del personaje creado por esta escritora que a cada novela va respondiendo en positivo a las expectativas de la crítica más exigente de este país. En cada una de sus novelas no deja, Gopegui, de recordar como lo “político” va desapareciendo de nuestras vidas, cada vez más asentadas en el confort y la prosperidad. Esta vez ha redibujado el tema desde otro ángulo, no menos interesante por cierto, aunque quizás un tanto menospreciado por los que ya nos hemos alejado de tal etapa: la adolescencia. Empecemos porque Deseo de ser punk tiene ciertamente un título llamativo, ingenioso y publicitario, al fin y al cabo un escritor severo y cabal no está reñido con procurar vivir de la prosística. “La escala de los mapas”, “Tocarnos la cara”, “La conquista del aire”, “El lado frío de la almohada”, y sobre todo “El padre de Blancanieves”, lo confirman, Belén Gopegui tiene buen ojo para los títulos. Eso podría llegar a ser un inconveniente sin la sustancia sólida que enriquece su narrativa, movilizadora de conciencias, generadora de esfuerzos reflexivos cada vez más dejados a un lado del camino. Decía Ignacio Echevarría* de ella que algún que otro crítico ha tachado la escritura de Gopegui de “madurez casi dolorosa”.

Una madurez casi dolorosa imprime la escritora madrileña del 63 a Martina, una adolescente de 16 años en busca de su música, una música que le atraviese el cuerpo de parte a parte y que le sitúe en un punto de partida para no extinguirse en la mediocridad de la cultura actual. De hecho Deseo de ser punk es un recorrido por la música que nos acompaña en momentos vitales importantes o decisivos, en este caso deduzco que el recorrido musical elegido tiene mucho de personal, aupado con una historia que alcanza un determinado momento de cambio en la vida de una adolescente. Martina es una joven un tanto perdida entre el vacío del exterior, amigos, instituto y fiestas, y el interior familiar, con unos padres que en su momento fueron algo rebeldes y contestatarios pero se dejaron domesticar dócilmente por el sistema: “…Mi madre sí piensa a veces que se han quedado quietos, su generación, ya sabes. Dice que la vida va mucho más deprisa de lo que yo me pueda imaginar. Pero por rápida que vaya: ¿por qué no saltaron? No es tan difícil…”. En medio de esta grisácea atmosfera, la desganada Martina despertará con la muerte de una persona admirada, el padre de su mejor amiga Vero, un hombre único en su entrega a los demás, en su solidaridad, un rescatador de náufragos, hasta tal punto que se abandonaba a él mismo, sin poder evitar romper en mil pedazos su entorno más cercano. Pedazos que se podían, no obstante, recomponer y pegar. A través del recuerdo de este personaje con código, Martina quiere encontrar el suyo, y lo hará, cruzando el punto de no retorno, con el que quiere reivindicar cambios que podrían empezar por algo tan sencillo como pedir lugares de reunión para los jóvenes. Eso en cuento a la profundidad de un mensaje que en realidad es una toma de actitud. Luego está el recorrido musical, el tarareo, las estrofas líricas elegidas de Bonnie Tyler, AC/DC, Reincidentes, Fe de Ratas, Leño, Guns N´ Roses, cierta crítica a Los Beatles, y sobre todo admiración por David Bowie, Neil Young, Iggy Pop, o Jonny Cash.

Sin faltar el reproche a la prensa escrita, periódicos que son aún peor que los elfos. Los escriben muchas personas pero es como si los escribieran una sola, un solo tío pesado, barbudo, barrigudo, bien vestido, de poco fiar…o un vistazo rápido a la literatura, Albert Camus, Victor Hugo… todo escrito como una carta dirigida a alguien muy especial para Martina, alguien que está ahí para escuchar, tal vez tú, lector.

Belén Gopegui sigue poniendo la contradicción en movimiento, lo que le confiere una humanidad indiscutible. Sigue la vía de la complejidad lo que le agradecemos muchos que reclamos más retos en la literatura. Ha dedicado su novela a personas admirables que no tienen etiqueta alguna con un precio. Es un homenaje, también, a la música que nos zarandea y nos despierta del letargo.


*Trayecto, un recorrido crítico por la reciente narrativa española, Ignacio Echevarría.

1.11.09

Tumulto en julio, Erskine Caldwell







Violencia que salpica

Erskine Caldwell fue un escritor norteamericano muy prolífico con una larga bibliografía a sus espaldas en la que estrena casi un libro por año, desde su primera novela en 1929 hasta su autobiografía publicada el año de su muerte, 1987. La mayoría de los lectores le relacionarán con el cine, puesto que el celuloide gusta de sus historias tan visuales. Ahí están sus más famosas adaptaciones, “La ruta del tabaco” dirigida por John Ford en 1941, y “La parcela de Dios” dirigida por Antony Mann en 1958. Pero hubo otras, “Claudelle English”, 1961, Gordon Douglas; La adaptación en 1983 de su primera novela, “The bastard”, por el francés Bertrand Van Effenterre; “The Sure Hand of God”, 2004, Michael Kolko; o “Certain Women”, 2005, adaptación de su libro de relatos de 1957 dirigida por Bobby Abate y Peggy Ahwesh.

Una de mis editoriales preferidas, Navona, ha recuperado parte de su obra, y nos pone en bandeja una de sus novelas emblemáticas, Tumulto en julio, escrita en 1940, después de llevar ya una década de éxito literario. Siempre preocupado y conmovido por la situación social de la época de la Depresión norteamericana, Caldwell dedicó buena gran parte de su narrativa a mostrar la vida sureña de su país, y especialmente las condiciones míseras de la población negra justo en la etapa posterior a la abolición de la esclavitud.
La ley de Lynch, conocida mejor como linchamiento, surgió durante la guerra de la independencia del Norte de Estados Unidos cuando un juez del mismo nombre llevó a cabo un ahorcamiento extrajudicial. El Sur la tomó prestada en los momentos de crisis políticas y económicas, por lo que los blancos, pobres de miseria a su vez, recurrían a los linchamientos para aterrorizar a los negros liberados, formando grupos como el conocido KKK, o se arremolinaban en muchedumbres enfervorizadas y desorganizadas que acometían linchamientos con solo la palabra de cualquier ciudadano blanco sobre cualquier ofensa, fuera cierta o no, por parte de los morenos (otra dureza verbal de la época que tan bien muestra Caldwell en este volumen).

La America profunda de 1940 era una época extremadamente dura y racista, en este caso en Georgia, algo que marcó la política, especialmente a nivel local. Nunca imaginarían las rabiosas gentes de aquellos disturbios reales o plasmados literariamente, (de imaginarlo habrían firmado la propuesta de uno de los personajes femeninos de la novela de Caldwell, Narcissa Calhoun, vendedora de Biblias, de enviar a todos los negros a África), que 69 años más tarde el presidente de Estados Unidos sería negro. Pero no todos eran sanguinarios hasta el límite de usar los linchamientos para satisfacer rabias vengativas personales; otros, como expone el escritor por medio del sheriff Jeff McCurtain, eran un poco veletas guiados por las corrientes sociales y sus neuras, a pesar de tener un corazón compasivo y rechazar dichos métodos: “Siempre aparece algo para atormentar a los que nos dedicamos a la política. En cuanto acabas de superar unas elecciones ya tienes que darte la vuelta y empezar a preocuparte por el resultado de las siguientes. Los votantes son gente muy rara. He visto a candidatos que empiezan en cabeza y acababan en la cola por una tontería como no ponerse tirantes…”; u otros como Bob Watson, dueño de las tierras que trabajaban los jornaleros negros, les defendía escopeta en mano, o exigiendo el cumplimiento de la ley, más que nada porque necesitaba de ellos para la subsistencia de sus propiedades.

Interesante, carrasposa y rabiosamente cinéfila, Tumulto en julio traduce admirablemente el contexto sociopolítico de aquellos momentos de escasez económica y abundancia de prejuicios, donde una estructura sociorracial primaria permanecía muy arraigada a pesar de los cambios sociales. Novela, en una excelente traducción de Carlos Mayor, en la que su autor ha imbuido características a sus personajes trasladables de otras de sus obras, si bien aquí es más severo, crudo y pesimista. Amena de leer, Caldwell va encendiendo los hechos y acelera nuestro latido cardiaco a medida que vamos avanzando en el relato, utilizando tácticas narrativas que conmueven y nos balancean entre la ternura e ingenuidad de un joven muchacho negro, Sonny Clark, al que utilizan tanto la vendedora de Biblias Narcissa Calhoun como la joven ardiente y rechazada por su amante, Katy Barlow, hija de un sanguinario aparcero sediento de linchamientos y violencia, para calentar la atmosfera y dirigirla hacia un linchamiento, con la acusación falsa de que Sonny ha violado a Katy. Frente a semejante alboroto y crispación, el sheriff McCurtain quiere actuar como Pilatos, lavándose las mano, especialmente porque teme por las próximas elecciones políticas. Decide, por tanto, irse de pesca y esperar que todo haya acabado cuando vuelva. El problema está en que el juez Ben Allen no se lo permitirá, y le obligará a tantear la situación, sin importar gran cosa a ambos la vida de Sonny, pero sí como afectará el jaleo a la política.

Sin embargo hay algo con lo que el sheriff no contaba, y se sorprenderá de su propia reacción con respecto a otro negro al que conoce y aprecia bien, Sam Brinson, victima a su vez de la irracionalidad que lo envuelve.


Ya lo decía Cormac McCarthy en su mundo literario apocalíptico, “este es un país con una historia bastante extraña y tremendamente sanguinaria”, algo de lo que deja entrever Erskine Caldwell en su dura novela. Nutritiva lectura más que adecuada a los tiempos actuales que corren de cambios sociales por los masivos movimientos migratorios.

23.10.09

La catástrofe perfecta, Ignacio Ramonet





Verdades incómodas



Aviso; Hace falta prepararse delicadamente en un Spa, digamos un fin de semana, para afrontar ensayos como el que tengo entre las manos. Por más que sepamos e intuyamos como se ha tostado y gratinado la presente crisis (más la anteriores y posteriores) entrar de lleno en los detalles de fondo y de superficie le dejan al lector con tal ira y resquemor que ratifica la crónica alergia a políticos de colores y rugosidades varias que cada vez más porcentaje de la población está experimentando.

Ignacio Ramonet es uno de esos intelectuales que bien podría haberse colado entre las líneas y cuevas de la prensa tóxica y masiva. Pero no. Ha preferido formar comunidad y solidaridad con muchas otras voces tan interesantes como la suya, en digamos uno de los diarios (digitales) que, hoy por hoy, escupe verdades sin red, Rebelion.org, y por muy director que fuera de “Le Monde Diplomatique”, este profesor de la Sorbonne, consultor de la ONU, colocado a la izquierda de Dios, usa justo, justito, de la diplomacia. Aprovecho para recordarle desde aquí que aún me debe una entrevista, pues me dejó tocando a su puerta y con las ganas.

La catástrofe perfecta es un ensayo resumen, una gamuza Mister Proper a tanta malinformación repartida en los medios desde que esta crisis aguda empezó a hacerse notar, allá en el comienzo del 2007. Hay que tener sangre fría, muy a lo british, para leerlo de un tirón y digerir con flema todos los puntos clave, clara y ordenadamente expuestos, que desde la era Reagan y Thatcher han provocado la hecatombe en la que nos encontramos, y de la que, yo pesimista de sangre caliente, dudo que salgamos en un largo, muy largo período. ¿Por qué este pesimismo?.

A poco que se lea aquí y allá sobre la economía aplicada en esos años, las soluciones de tirita actuales y la insistencia en no bajarse del burro equivocado, el lector solo puede adivinar un tropiezo continuo con la misma piedra, una y otra vez, y así hasta que llegue el momento en que el fútbol y el circo ya no mantengan a las fieras drogadas, y éstas apunten hacia una nueva revolución social, pacífica o no. En todo caso ésto se adivina muy lejano, en algún tramo del presente siglo. No olvidemos los cambios habidos en el siglo XX, que ya comenzaron a partir del 17.

El ensayo de Ramonet contiene una introducción, dos partes y cerrando el volumen las perspectivas de futuro. En la Introducción se toma nota de lo que esta crisis puede significar, el fin no del capitalismo, pero sí de la economía desregulada, la culminación de la era ultraliberal, el capitalismo mafioso y la globalización financiera, que se están llevando por delante a las clases medias de todo el globo. ¿Puede ello significar el advenimiento de algún tipo de revolución? Quizá sí, o al menos una revisitación a John Maynard Keynes, y la vuelta a papá Estado para estimular la economía y vigilarla. Vaya, que ponga un poco de disciplina en esta cueva de hienas a que ha llevado el neoliberalismo y los alegres experimentos de Milton Friedman y sus compinches: Joseph Schumpeter y Friedrich von Hayek. Tres sujetos que como poco deberían ser despojados de todos sus bienes y dejados a cero para que prueben sus teorías de la autorregulación del mercado desde la nada absoluta.

En la primera parte, titulada la crisis del siglo, Ramonet acude a una extensa bibliografía, entre la que “The Shock Doctrine” de Naomi Klein se alza en una de las principales referencias, obra de la que en la sección de especiales de esta vuestra revista os hablamos extensamente. La catástrofe perfecta rebusca con brocha fina por la arqueología del Crac, desde las ideas preconizadas por los tres economistas nombrados más arriba y el fanatismo económico que les llevó a colaborar con gobiernos dictatoriales, Chile, Indonesia, Venezuela, Rusia y Polonia, varios países de África y Asia Oriental. Para llevar a estas naciones al buen camino neoliberal, Washington no dudará en ejercer presión sobre ellas, recurriendo a los "asesinos financieros", profesionales muy bien pagados que estafan por miles de millones de dólares a diversos países del globo, dirigiendo el dinero del Banco Mundial, de la Agencia Estadounidense de Desarrollo Internacional (USAID), y otras organizaciones “humanitarias” hacia los cofres de las grandes compañías y los bolsillos de grandes familias. Es una lucha a muerte del mercado contra el Estado, en la que se destruye todo lo colectivo y la palabra “público” produce urticaria. Esto crea una mercantilización generalizada que genera enormes e insalvables desigualdades al privatizar servicios y necesidades básicas: sanidad, educación, agua, electricidad, vivienda, transporte… Los organismos mundiales que han atado y bien atado todo este proceso de desintegración de lo colectivo y público son considerados “Poker del Mal” (FMI, Banco Mundial, OCDE y OMC), ejerciendo verdaderas dictaduras en las políticas económicas de los estados. Sin que se salven ni los gobiernos socialdemócratas en los que teníamos alguna esperanza.

Expone el autor, a seguido, el shock que supuso Internet en progreso para la información y las telecomunicaciones, toda una revolución digital, con la que muchos especuladores vieron llegado su sueño. Pero ni siquiera la galaxia Internet se libró de la burbuja que acabó explotando, y a finales de los años noventa y principios del año 2000 desaparecieron tres cuartas partes de las empresas de la Net-economy. También se repasan los escándalos financieros que avergonzaron al sistema financiero estadounidense, Enron, Bear Stearns, Citigroup, Merril Lynch, con la complicidad de auditoras como Grant Thornton, Deloitte&Touche, Ernst & Young, PwC, seguidos de escándalos europeos como el de Parmalat, o la feria de las subprimes (créditos hipotecarios de alto riesgo) que se extendió como un virus de gran contagio por todo el planeta.

Librados a su propia suerte, los mercados demostraron que no funcionan, y que Freiedman conocía muy poco el género humano y su codicia dejada al libre albedrío sin supervisión ni vigilancia. Hasta el mismo Alan Greenspan se cuestiona hoy día la superioridad del sistema de mercado libre, del que era devoto creyente. Le sigue en este interesante ensayo la especulación de los hidrocarburos, y con ello la subida de alimentos, titularización de activos, crédito-defaults swaps, hedge funds, paraísos fiscales por doquier, etc todos bien trabajaditos para producir el derrumbe del dogma neoliberal que deja a los responsables políticos con cara de idiotas y sin soluciones viables, como no sean las de insuflar dinero público a instituciones que juegan a la ruleta rusa. Y así tropezar una y otra vez con la misma piedra. ¿Quien osa decir que los poderosos no son socialistas y comunistas? Ellos saben aplicar, a su manera, el socialismo en momentos de crisis, como el presidente Bush en la primavera de 2008 cuando se negó a firmar una ley que ofrecía cobertura médica a nueve millones de niños pobres, y ayudar seguidamente sin mirar el monto a los rufianes de Walt Street y la banca. Vive la politique!

Llegados a la segunda parte, Ramonet se centra en el desgaste de los recursos de la tierra y la urgente necesidad de salvar al planeta y con ello a la humanidad. El mancillamiento ecológico se ha acrecentado siguiendo la aceleración de la globalización neoliberal, además de que la población mundial crece a un ritmo sin precedentes. Hecha el autor un buen rapapolvo a la izquierda, que dice, navega a ciegas, obsesionada por la urgencia, y desprovista de hoja de ruta, averiada y decadente, sin programa ni organización.

Finaliza recalcando algo que todos sabemos, pero parece que nadie es capaz de proponer, la cuestión social. El único proyecto político aceptable para el futuro debe tener como eje central la actuación colectiva. La sociedad del egoísmo debe ser superada pues solo lleva a crisis y más crisis, y una rampante pobreza que se extiende a todos poco a poco. Soluciones, muy fácil: supresión de paraísos fiscales ya, aumento de los impuestos a los ingresos del capital, y la aplicación de impuestos a todas las transacciones financieras. Hace falta una nueva economía y una nueva geopolítica. Tal vez comience el pequeño cambio con Obama (yo me muestro más pesimista, aunque Ramonet quiere creer, como Scully y Mulder), en todo caso la solución pasa por dar un mayor control político a los ciudadanos, a base de votar decisiones continuamente. El gigante China es un tema al que presta el autor especial atención, el segundo país más contaminante después de America, cuyo milagro económico se basa en la represión y la explotación de un inmenso ejército de trabajadores.

Pequeño volumen absolutamente recomendable, La catástrofe perfecta no intenta crear pánico, solo concienciar de cómo nuestras decisiones diarias mueven estas teorías tan equivocadas. Tenéis, pues, un buen menú aquí para ir recapacitando en los "qué, cómo, por qué, para quien, cuando", preguntas claves para no dejarse guiar por los intereses de unos pocos que tienen tanto, preguntas aún más necesarias cuando los medios masivos andan ya anunciando a bombo y platillo que Estados Unidos vuelve al jauja económico, en tan solo unos pocos meses desde la crisis, ¿cómo es posible que se nos tome con tanta desfachatez por imbéciles?

10.10.09

El hombre más buscado, John Le Carré




48 años de John Le Carré

Está claro que a estas alturas de su bibliografía John Le Carré, cuyo verdadero nombre es David John Moore Cornwell, ostenta un estilo muy personalizado, podríamos aventurarnos a etiquetarlo como un estilo lecarreriano, enmarcado en un género permutado con el que ha alimentado 23 novelas en 48 años de escritura-oficio, lo que hacen un buen puñado cada década, con las características y particularidades sociopolíticas propias de las mismas. Allá donde comenzó en sus primeras novelas con un humor sardónico entremezclado con el policíaco más puro, acabó deviniendo en atmosfera de espías, dobles agentes, topos, aristócratas y elegantes sujetos del Servicio Secreto Británico que se mueven alrededor del globo. Famoso a raíz de sus historias con el telón de acero y la guerra fría de fondo de armario, Le Carré ha sabido renovar sus denuncias conforme a lo cambios sociológicos y políticos habidos en su larga carrera literaria. Muchos y variados, espías y contraespías para todos los paladares.

Su personaje clave, el agente Smiley, a quién hizo trabajar en varias novelas, de las que hablaré en un random posterior a esta reseña, refleja el Le Carré más dubitativo y reflexivo, además de complejo para inscribirse, por qué no?, en la carrera de los best-sellers. Premiado únicamente por su novela estrella, “El espía que llegó del frío”, el seguimientos de sus fans (entre los que me cuento) a lo largo de tantos años sea, tal vez, el mejor premio. Considerado casi subversivo por sus denuncias y tramas, entretenidas por demás, disertadas y desarrolladas al mínimo detalle, llega al final de la primera década del nuevo siglo con una estupenda novela, El hombre más buscado, (The Most Wanted Man, 2009), que enfoca la problemática de las desorbitadas e injustas leyes antiterroristas promulgadas a raíz del 11S y los atentados de Madrid y Londres. Escrita con cierto toque de ira, algo que Le Carré apunta en más de una entrevista, dota de cuerpo su trazo fino, dibujando alma y dudas a sus personajes, haciéndolos humanos y sorprendidos, funcionarios o tiernos pidiendo una segunda oportunidad. Consigue cerrar sin cerrar una de sus mejores tramas, con el irresoluble asunto Rusia-Chechenia como telón de fondo, y el siniestro affair de militares rusos y banqueros suizos.

En los años setenta fueron el aristocrático Servicio Secreto Británico, el triángulo amoroso, los topos descubiertos, Extremo Oriente, para seguir en los ochenta con el Mossad y el terrorismo palestino, el espionaje y contraespionaje en la Perestroika; en los noventa el contrabando de armas con la 1ª Guerra del golfo de marco, o el comportamiento de la política exterior norteamericana en Latinoamérica con sastres como señuelos o bufetes de abogados conectados con la mafia rusa, década realmente productiva los años noventa, a la que no parece que la primera década del nuevo siglo tenga nada que envidiar, visto el camino que este ex profesor y espía, que perteneció en los años sesenta al cuerpo diplomático inglés en Bonn, ha emprendido. Y así ha explorado África por dos veces, denunciando la falta de ética de las farmacéuticas y el expolio desde fuera y dentro a que es sometido este continente. Ha vuelto a rememorar las utopías políticas de los sesenta con viejos y buenos amigos y vuelve ahora con un tema de la más absoluta actualidad, la inmigración ilegal y la nefasta herencia de Bush (cowboy) Junior, la patológica guerra contra el terror.
Este escritor que odia el teléfono, no se da la importancia que le dan sus lectores globales, y se sorprende de la atención de guru que despierta su ficción, tiene el don de hacer que leamos con ávida rapidez sus historias, porque las escenifica, construye e imagina (apoyadas con una buena base documental) con tal ímpetu aventurero y adrenalítico que vivimos angustiadamente la película que se despliega en la gran pantalla de nuestra mente. Tiene el don, este hombre, de movilizar los resortes adecuados para que sus best-seller contengan algo más que papilla ya digerida, y a un tiempo que nos hace meditar las reflexiones que plantea, nos eleva por los aires haciéndonos desaparecer del entorno que nos rodea, para introducirnos en su ficción y vivirla casi. Lo ha hecho en las anteriores, y lo vuelve a hacer en El hombre más buscado. Hamburgo, la segunda ciudad más grande de Alemania, con el segundo puerto más importante de Europa; Un emigrante ilegal, musulmán Checheno para más complicación personal en los tiempos que corren; Una abogada alemana, una de esas ilusas que aún quieren ayudar a los desheredados; Un banquero inglés heredero de un banco suizo establecido en Hamburgo y unas cuentas especiales; Un ambicioso miembro del Comité Conjunto de Berlín, perteneciente a la inteligencia alemana, decidido a luchar contra el terrorismo islámico, con nuevas reglas y con informadores utilizados con astucia de espía del siglo XXI; La Inteligencia británica y americana queriendo su codiciado trozo de pastel en la lucha antiterrorista global; Un intelectual islámista, maestro, buen hombre, mejor musulmán. Sobre todos ello planea un cinco por ciento de maldad: “Pero, a ver, ¿quién no es un cinco por ciento malo?, se preguntó Brue mientras, acompañados por toda la familia, recorrían un estrecho pasillo. ¿Brue Frères, con sus inversiones arriesgadas, sus clientes arriesgados y sus Lipizzaner? ¿Más algún que otro abuso de información privilegiada cuando podemos salir impunes?...”. He aquí la gran paradoja de Le Carré en las esquinas de su aventura de informadores y espías, ilegales y banqueros, donde está la compasión, la humanidad, la ética, la moral, el cumplimiento de las promesas, nada importa para los objetivos de la Agencia de la Central de Inteligencia…

En su habitual estructura de escenas y personajes presentados en capítulos alternos, todo el conjunto se visualiza como ventanas abiertas en una pantalla de ordenador que vamos pinchando a medida que la trama va dirigiendo a los personajes al punto culminante. Escrita con la rabia de la crisis política y ética que arrastramos desde hace años, El hombre más buscado, tiene un punto altermundista y más subversivo aún que la anterior “La canción de los misioneros”, acercándose más bien a la ira de “El jardinero fiel”.





1962, Asesinato de calidad, (A Murder of Quality).

Ambientada en el intrigante mundo del profesorado, un mundo de ambiciones tan desmesuradas como mezquinas, este thriller o policíaco al uso refleja las primeras intenciones de John Le Carré, usar del humor sardónico y cierto cinismo. Segunda novela corta, poco llamaría la atención hasta que su siguiente novela alcanzaría un éxito inesperado.


1963, El espía que surgió del frío, (The Spy who Came in from the Cold).


La única de sus obras premiada, fue descrita por Graham Green como la mejor novela de espías que había leído. Premio Somerset Maugham y Premio Crime Writers Association Gold Dagger. Su historia se desarrolla durante la guerra fría, en la Inglaterra y la Alemania de la primera mitad del siglo XX. El espionaje como renuncia a todo, duro y sacrificado, con el telón de acero como fondo, y espías dobles, triples o cuádruples. El comienzo del espía manipulado.


1965, Martin Ritt realizó una excelente adaptación cinematográfica de la famosa novela, y contó con Richard Burton para el papel Alec Leamas, considerada la mejor adaptación cinematográfica de sus novelas.



1967, Sidney Lumet filma Llamada para el muerto, (Call for the Dead) adaptación de la primera novela John Le Carré de 1961, con James Mason como el protagonista implicado en la investigación del suicidio de un miembro del Foreing Office.






1970, Frank Pierson estrena El espejo de los espías, adaptación de la novela del mismo título de 1965 (The looking-glass War), con Christopher Jones, y una de las primeras apariciones en el cine de Anthony Hopkins. La trama muestra a un joven polaco que debe suministrar información a dos espías británicos sobre armas nucleares en la Alemania del Este.


1979, John Irvin dirige la exitosa serie de la televisión británica BBC basada en el también famoso libro El topo, de 1974 (Tinker, Tailor, Soldier, Spy), con Alec Guinness en un protagonismo excepcional.


1982, La chica del tambor, (The Little Drummer Girl).

La acción arranca tras la masacre de Munich y recrea la época más activa del terrorismo palestino. Khalil, un misterioso y audaz terrorista, mantiene en jaque a los servicios secretos israelíes. El Mossad, poniendo en práctica un plan tan maquiavélico como inteligente, capta los servicios involuntarios de Charlie, una actriz inglesa de poca monta y vida bohemia. Charlie es sometida a un durísimo entrenamiento psicológico para que consiga, aun sin saberlo, lo que nadie ha conseguido: atrapar a Khalil.

Ese mismo año se estrena otra serie en la BBC adaptando La gente de Smiley de 1979, dirigida por Simon Langton, de nuevo con Alec Guinness, quién ganó dos premios BAFTA al mejor actor por ambas series.

1984, George Roy Hill una película de la novela “La chica del tambor”, protagonizada por Diane Keaton.


1986, Un espía perfecto, (A Perfect Spy).


John Le Carré indaga en las razones sociales, familiares y políticas de ser espía y las consecuencias de esta responsabilidad. Durante quince años, Magnus Pym ha dividido su tiempo entre su hogar en Viena –donde trabaja para el servicio de la Embajada británica– y una modesta casa de huéspedes situada en la costa de Inglaterra, lugar al que acude a descansar bajo un nombre supuesto. Es allí donde Magnus escribe una larga carta a su hijo Tom, relatándole diversos acontecimientos de su vida, a fin de hacerle comprender las razones que motivaron su conducta. Perseguido por su propia agencia y por sus enemigos, Pym debe encontrarse a sí mismo antes de que sus cazadores le encuentren.


1987, Peter Smith dirigió una serie para la BBC de siete episodios escenificando “Un espía perfecto”.


1990, se estrena la película La casa Rusia, (novela de 1989), dirigida por Fred Schepisi, con Michelle Pfeiffer y Sean Connery en los papeles principales.


1991, ¿El traidor del siglo?, (The unbearable peace).

Una lectura apasionante que describe un caso de espionaje ocurrido en Suiza en 1977, en el que el escritor duda de que el acusado no fuera sino un pequeño espía que encarcelaron en el lugar de un espía importante. La prensa suiza le llamó "el traidor del siglo" y, antes ya del proceso, el presidente de la Confederación Helvética reclamó para él todo el peso de la ley.


1993, El infiltrado, (The Night Manager).

Las viejas rivalidadesen entre las grandes potenicas (Guerra Fría) han sido suplantadas por organizaciones criminales que se dedican al contrabando de armas y el tráfico de drogas con la guerra del Golfo de telón de fondo y las organizaciones criminales que se dedican al contrabando de armas y el tráfico de drogas y cuyos voraces tentáculos llegan a todos los estamentos sociales y políticos. Le Carré retrata un mundo donde las fronteras entre el bien y el mal se han difuminado y donde Jonathan Pine, su fascinante protagonista, se perfila como otro de los carismáticos personajes de este autor.


Actualmente está en proyecto la producción del film bajo la supervisión del actor Brad Pitt a través de su compañía Plan B, si bien se desconoce si el actor también tiene interés en convertirse en su protagonista. Robert Edwards será el responsable de escribir su guión.






1997, El sastre de Panamá, (The Tailor of Panama).

Otro caso de espionaje de Le Carré que termina en tragedia. Harry Pendel el carismático y sociable propietario de Pendel & Braithwaite S. L., donde desfila lo más granado de Panamá. Andrew Osnard es un misterioso y sensual espía cuya misión consiste en vigilar las maniobras de los líderes políticos americanos en el país cuando se debe cumplir el acuerdo de devolución del Canal al gobierno local, y asegurarse para él mismo una inmensa fortuna. Pendel se convertirá en la fuente de información privilegiada de Osnard.



2001, John Boorman dirigió la adaptación de la novela al cine con Pierce Brosnan y Geoffrey Rush en los papeles principales.









1999, Single & Single.


La novela más barroca del escritor, la trama gira en torno a la mafia rusa post-perestroika, sus conexiones con la banca y un bufete inglés. Llena de giros temporales y acertijos narrativos, se simplifica a medida que avanza la novela, con escenas repletas de emoción y sorpresa hollywoodiense. Una novela que entra tan bien como una cerveza fría después de un duro día, comentó en su día el Daily Telegraph.



2004, Amigos absolutos, (Absolute Friends).


Con su habitual maestría, John le Carré nos lleva con nostalgia a los contestatarios años sesenta a través de la historia de dos amigos a lo largo de cincuenta y seis años: Ted Mundy, hijo de un militar británico, y Sasha, hijo de un pastor luterano proveniente de la Alemania del Este. Ambos estudian siendo jóvenes en Berlín Oeste y se reencontrarán primero en la guerra fría y años más tarde en un mundo amenazado por el terrorismo y sojuzgado por la política americana de la guerra global. La hipocresía de la política, y la desproporcionada guerra contra el terror a la que volverá en “El hombre más buscado”.



2005, se estrena la película basada en la novela El jardinero fiel, de 2001, con un gran éxito de público y crítica. La actriz protagonista, Rachel Weisz ganó el Oscar a Mejor Actriz de Reparto, y hubo tres nominaciones más, al mejor guión adaptado, a la mejor banda sonora y al mejor montaje.
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2006, La canción de los misioneros, (The Mission Song).

El escritor vuelve su mirada a África con su habitual maestría para la intriga, la corrupción y en medio de todo, algo de amor. Bruno Salvador, un traductor de minoritarias lenguas africanas al servicio de la Inteligencia Británica descubre que su gobierno es cómplice del expolio de un país africano, y sólo puede hacer una cosa: luchar por la vida del país que ama. Financieros occidentales, Señores de la guerra, los servicios de inmigración e inevitablemente la Inteligencia británica, además de alguna mujer, como una ambiciosa reportera o una sencilla enfermera, todos nos engullen en su frenética historia.

23.9.09

El otro mundo, Hilario J. Rodríguez






Mirar hacia delante


No es fácil, incluso cribando la proliferación de chiripitifláuticos bestsellers que atascan el mercado actual, encontrar “buena” (adjetivo señero en su gustosa simpleza) literatura de narrativa española. Reitero lo dicho muchas veces, son un pufo las promociones de planetas y universos editoriales, si están huecas por dentro. Y más de una sorpresa desagradable se lleva el lector, perdiendo dinero y tiempo. Pero, a veces ocurre que alguna editorial retorna la palabra literatura a su acepción de sublime arte, dotándola de la profunda riqueza que nos recuerda por qué leemos. Ediciones del Viento, similar a lo que ocurre con Navona de la que he hablado otras veces, es una editorial independiente, compuesta de un catálogo de muy alta calidad. A esta empresa gallega le soplan varios vientos que mueven las páginas de sus libros: Viento simún (libros de viajes, relatos, con escenarios exóticos…); Viento abierto (narrativa actual); Viento del oeste (narrativa occidental del siglo XX) y Viento céfiro (biografías, memorias, ensayo…). Buenos vientos, influenciados quizá por su prestigio en el mundo del articulismo de cine, me han empujado a elegir la última obra de Hilario J. Rodríguez, titulada El otro mundo.

Sostenida por una prosa consistente, sólida y emocional (no es por nada que hablamos de uno de los mejores reseñistas y ensayistas de cine), sobria e íntegra a un tiempo, cuyo título anuncia la elegancia de su nervio narrativo, su cuarta novela (aunque no libro, pues Hilario tiene en su haber un largo plantel de ensayos sobre el mundo del cine y la fotografía, relatos aparecidos en volúmenes colectivos, así como traducciones) es una demostración (para los que perdíamos toda esperanza) de los registros captados a la realidad cotidiana que llevan a una rehumanización de la novela y el lenguaje. Todo lo contado en este volumen de 173 páginas esta inscrito en la desinhibición de la autobiografía del propio autor, (Rodríguez), confundiéndose en la realidad de un narrador escritor (Hilario) que vive, reflexiona y busca permanentemente guías (quizá musas) a su devenir personal y al mismo tiempo profesional.

En un cauce narrativo que comienza con la decisión de un escritor, llamado Hilario J. Rodríguez, de ir a vivir a Nueva York junto a su mujer Eva y su hijo Samuel de seis años, se extiende una malla de recuerdos y vivencias varias: amistades que influyeron en su vida, escritores que se convirtieron en modelo a seguir u obsesión literaria, vicisitudes en una vida cotidiana tan diferente y tan sorprendente, desarrollada en un país y con unas gentes que pertenecen a otro mundo, como bien reza el título. Situadas esta memorias en un pasado cercano, en los años posteriores a la destrucción de las torres gemelas, el lector va saboreando esta escritura humilde, de la que brota la fecundación de la personal experiencia del mundo del autor con la experiencia de sus lecturas, observaciones, recuerdos familiares, encuentros y escrituras, así como alguna que otra metáfora metaliteraria, todo dispuesto de manera ecléctica en lo que a mi me parece una constante búsqueda, que le llevaré al narrador/autor si bien no a encontrar lo que buscaba, si lo inesperado.
W.G. Sebald decía que para convertirse en escritor hace falta un ojo…un ojo que solo ve cosas diminutas y se conforma. Para Sebald, escribir era escribir entre líneas, sobre nada demasiado importante, un objeto inservible, la corteza de un árbol; escribir como si uno no estuviera en realidad escribiendo, como si sólo respirase…” . El otro mundo es la respiración de Hilario, a través de la cual, confiesa en la pequeña entrevista que me ha concedido, “decidí darle importancia a cosas en apariencia banales”. La vida que bulle a nuestra alrededor, y ante la que a veces somos tan ciegos, o nos mostramos tan inanes. Toda la vida que rodea al escritor de ficción en su nueva vida neoyorquina desfila en portentosas secuencias en las que transitan la memoria de otros lugares y otras personas, Londres y Gueloz Nsingui, o la memoria aún más lejana del álbum familiar, de África, de personas desconocidas que dejaron una camisa o unas cartas que llegan a su nombre, con el eco de Sebald, u otros como Roth o incluso alguno de los personajes que pululaban por su anterior libro. Eres perverso Rodríguez, muy perverso, juegas con nosotros, y nosotros, lectores exigentes, nos dejamos pervertir juguetonamente por tu Hilario.

Me persigue la sensación de que cada palabra que sale de su boca arrastra un silencio, cada parpadeo de luz viene precedido por un segundo de tinieblas. Al mirarle a la cara, noto una especie de abismo y me imagino a mí mismo precipitándome en él, sin que llegue jamás al fondo…” . Embelesa el alma lírica del escritor/autor donde la prosa relumbra a ratos, marinada en sentimiento otras, y se aleja velozmente del registro de la imbecilidad reinante en el mundo editorial.
Leer no es un simple pasatiempo, vuelvo a las palabras del autor, y aún más, hemos conseguido sacarle cinco confesiones robándole un poco de su tiempo. Danos pistas Hilario…



1.- «Quienes están en Estados Unidos son estadounidenses, tengan el aspecto que tengan y hablen como hablen. Lo malo es que ciertas cosas no son fáciles de procesar y eso te hace sentir mucho más extranjero de lo que te habrías sentido en Irlanda…», decías en una entrevista anterior para Larepublicacultural. Pones Nueva York como escenario en tu última novela, la recién publicada "El otro mundo", escenario en el que desarrollas una “ficción” autobiográfica en la que precisamente estás escribiendo "Construyendo Babel", tu segunda novela. ¿Por qué irse tan lejos para ver si puedes continuar escribiendo? ¿Qué tipo de felicidad buscas en un sitio tan alejado del que perteneces?

Creo que la cita inicial del libro, de la cineasta francesa Claire Denis, responde a tu pregunta: «Siendo francesa, lo que más me atrae del cine norteamericano es su americanismo. El cine norteamericano está tan sólidamente construido como una casa con robustos muros, y además se concentra en lo que hay dentro de esa casa. Eso es lo que hace tan estimulantes a los directores norteamericanos. Sus películas proyectan energía, poder y realismo. Son sólidas. Por el contrario, las que yo hago son frágiles, porosas, abiertas. A menudo me gustaría estar en una posición más firme, en el interior de una fortaleza. Pero no tengo elección. Yo estoy afuera. No puedo evitarlo.»

Yo carezco de hogar, pero siempre he deseado tener uno que fuera firme, donde pudiese conservar las cosas que ahora mismo se me pierden por aquí y por allá. Y creí que en Nueva York quizás iba a encontrar una casa para siempre; me equivoqué, claro. Es posible que mi error consistiera en creer que la felicidad se encuentra, cuando lo que sucede es que la felicidad se construye, creo.

2.- «¿Tú que tipo de escritor eres?», te pregunta Hilario Barrero en la novela. Hegel comparaba al novelista con el poeta, al otorgar la palabra a su mundo interior para despertar en los lectores los sentimientos, los estados de ánimo que están en él (Milán Kundera en "El telón"). Dinos, es "El otro mundo" un espejo de tus estados de ánimo, la conclusión de tu proyecto estético como articulista, fotógrafo, ensayista, y novelista?


El otro mundo sólo aspira a ser como aquellas películas de los años treinta en Estados Unidos, películas que nos recuerdan el placer que a veces esconde lo minúsculo. Es un tejido de historias pequeñitas en un escenario grandioso (y también grandilocuente). Puede verse como el último combate que lucha un amor en descomposición, sobre el combate que lucha a diario la ficción contra la realidad, sobre la cantidad de fantasmas con los que convivimos y sobre nuestra propia condición de fantasmas cuando no sabemos qué queremos o cómo conseguirlo.

No sé qué decir sobre mi condición de escritor. Me temo que escribo para descubrir quién soy, si de verdad soy algo. Lo que pasa es que cuanto más escribo menos certezas tengo, y eso al final me permite seguir aporreando las teclas del ordenador, escribiendo en cuadernos, tomando notas en cualquier parte, por cualquier motivo… Si la novela es la conclusión de algo, no puedo decirlo yo, he tomado vacaciones de mí mismo desde hace tiempo y cada día me conozco menos. Mi hermana Veli, al leer el libro, me telefoneó rápidamente para llamarme canalla, aunque me lo dijo de forma cariñosa. Qué pensará otra gente cuando lo lea, es un misterio que se irá desvelando de ahora en adelante; ya te contaré…

3.-En otra de tus obras, "Mapa mudo", partes de la idea de que si los escritores fabulan a partir de la realidad, por qué no intentar fabular a partir de la vida de los escritores, sobre su vida cotidiana, su profesión y el lugar que habitan. Te voy a hacer la pregunta que habitualmente se hace, pero al revés, ¿cuánto de ficción hay en este paisaje autobiográfico de "El otro mundo"?


Desde mi punto de vista, El otro mundo es una novela, una obra de ficción pura. Podría considerarse una novela documental, pero en todo caso sería una novela que lo que documenta es mi manera de ver, interpretar e inventar la realidad, que es un poco lo que cualquiera de nosotros hace a diario: ver, interpretar e inventar.

Por supuesto, algunas de las personas implicadas en la trama, personas que se han visto reflejadas porque aparecían sus nombres y apellidos, no lo han tenido tan fácil como yo. Las ficciones tienen un efecto extraño en la gente si de algún modo se ve reflejada en ellas. Uno se quiere ver guapo, bien vestido, como en una fotografía de boda, pero la ficción es traicionera y nunca consigue presentar una imagen a gusto de todos. Lo malo es que no existen los héroes de una pieza, tampoco los finales enteramente felices.


4.- ¿Qué compartes con W. G. Sebald, su eclecticismo literario en una misma obra, las reflexiones que realizas de la condición humana, su tardía vocación, el viaje como búsqueda…por qué Sebald esta vez?

Sebald es uno de los últimos escritores de su estirpe, escritores que aspiraban a algo más que a contar sus estados de ánimo o sus rollos sexuales. Su peculiaridad fue trazar un camino hacia la Historia utilizando una trayectoria diferente. No quiso apoyarse en los hechos más obvios, en las grandes gestas, sino en todo aquello que permanece en los márgenes. Y eso le proporcionó una humildad a ciertas cosas que por regla general quieren acaparar la atención mayoritaria, como si tuviesen más derechos que nadie.

Con El otro mundo también intenté encontrar una nueva vía. En 2004, Estados Unidos se encontraba en un momento particularmente importante, pero yo decidí darle importancia a cosas en apariencia banales y no a los hechos que todo el mundo consideraba decisivos. Me importaba más la lucha de una profesora con sus alumnos o la desaparición de una persona que las elecciones presidenciales; me importaba más la determinación de una madre ante un hijo difícil que la guerra de Irak… Fue una forma de acercarme a Sebald, con su peculiar camino a la Historia a través de acontecimientos diminutos.

5.- Me gustan todas esas pequeñas historias que vas intercalando en el recorrido de tu escritor, casi diríamos tiras ensayísticas donde la visión del mundo se amalgama con la experiencia propia de autor/personaje y a la vez se nos hace cercana, porque muchos hemos vivido experiencias parecidas o conocido a personas curiosas, a poco que se salga y se viva en otros mundos. ¿Quién es Lyudmila Pronek? ¿Persona o personaje? ¿Juegas con el lector?

Lyudmila Pronek es un personaje de ficción que aparecía en "Construyendo Babel" y que en El otro mundo vuelve a aparecer, ahora como un personaje real reclamando sus derechos ante el autor que le dio vida. Está delineado a partir de una persona real a la que, sin embargo, no he conocido jamás y que también menciono en este libro: Tatjana Stankovic.

La confusión que se establece entre realidad y ficción pretende recordarnos que incluso cuando leemos hay una responsabilidad por nuestra parte. Una novela puede ser un artefacto, como una bomba, que podemos utilizar de muchas maneras ante los demás.

Me parece bien que, cuando se habla sobre literatura, uno pretenda invitar a la gente a leer un libro en particular y que lo haga demostrando que cualquiera puede hacerlo porque no requiere esfuerzo y es fácil. Mi novela no es difícil de leer, creo, pero también quiere recordarnos que, si escribir es un oficio extraño que te expone a muchas cosas (como que la realidad se rebele contra tus ficciones, o viceversa), leer no es un simple pasatiempo, es una actividad que nos coloca en el mundo de un modo diferente aunque no sepamos cuál.

Lo podéis ver también en:







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La mujeres estamos de enhorabuena, por fin otra de nuestra especie ha conseguido el Premio Nobel 2009, increíble pero cierto!. La agraciada es la novelista y poeta de origen rumano Herta Müller, Nitznitzkydorf, 1953), descendiente de suabos emigrados a Rumanía, uno de los valores más sólidos de la literatura rumana en lengua alemana.

Estudió Filología Germánica y Románica en la Universidad de Timisoara y se vio obligada a salir del país por su relevante papel en la defensa de los derechos de la minoría alemana. Fue esposa del también novelista Richard Wagner. Desde 1987 vive en Berlín.